ASAMBLEAS SOBERANAS

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17 Mayo 2009
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Se dice con razón de las asambleas de consorcios, que son soberanas. Ello quiere decir que no reconocen ninguna autoridad superior a ellas, dentro del Condominio. O, dicho de otra manera: que son el órgano superior de gobierno de un Consorcio. Las consecuencias prácticas de su soberanía, son varias y muy importantes: Por lo pronto, cuando quien preside la asamblea tiene dudas sobre la validez o invalidez de alguna carta-poder exhibida por algún asistente, es la propia reunión, por simple mayoría de votos presentes, quien debe decidir en definitiva.


Otro ejemplo: cuando alguien concurre acompañado de alguna persona que no sea propietaria, es la asamblea quien puede disponer, en la misma forma, si ese tercero puede permanecer en el recinto, o debe retirarse. Porque, valga la obviedad, las asambleas son “de propietarios”, y no de personas que no lo sean, así se trate de escribanos o abogados. Salvo, claro está, que el tercero concurra con una carta-poder emanada del propietario representado.


Lo mismo acontece con las impugnaciones. Impugnar una asamblea significa que alguien manifiesta el rechazo a cualquier cosa que ésta disponga, o tolere, por considerarlo contrario a la ley o al Reglamento. Si se realiza en el momento de la reunión, es la propia asamblea quien debe resolver la impugnación. Es claro que si la decisión es contraria a la voluntad del impugnante, éste podrá acudir al Juez para que decida en definitiva, salvo que se convoque nuevamente a asamblea y ésta decida revocar lo resuelto por la anterior.


Llama la atención que, revistiendo tanta importancia esas reuniones de propietarios, haya algunos que se nieguen o sean remisos a participar de ellas. Para explicar el fenómeno, se podría mencionar la consabida cuota de indiferencia que suelen padecer los consorcistas. Sin embargo, a decir verdad, mucha gente no participa porque si bien las citaciones a asamblea contienen la hora de inicio de la reunión, jamás incluyen la hora de terminación del acto. Este detalle, que a primera vista parecería carecer de importancia, no tiene, sin embargo, nada de trivial. Antes bien, citar a una persona a participar de un acto sin mencionar la hora exacta de su terminación, revela una elemental falta de respeto por las obligaciones que cada uno pueda tener.


Normalmente las asambleas de consorcios comienzan a las 19, o a las 20, pero los participantes no saben si estarán retenidos hasta las 22, o hasta las 23, o hasta no se sabe cuándo. Es elemental, en toda sociedad civilizada, suponer que la gente tiene compromisos y debe cumplirlos. Así sea simplemente para regresar a su hogar, luego de una jornada de trabajo y reunirse en la cena con su familia. Ese, aunque no lo parezca, es uno de los “detalles” que pesan más a la hora de decidir los propietarios concurrir o no a las asambleas.


Así que, señores administradores, es necesario colocar en las respectivas convocatorias, hora de comienzo y hora de finalización del acto asambleario. Y si no alcanza el tiempo para tratar todos los puntos del orden del día, pues, se deberá llamar a cuarto intermedio y continuar la reunión en otra fecha. Probablemente, con esa medida, también se logrará que muchos de los presentes miren el reloj y acorten el tiempo de sus intervenciones, en beneficio de todos.


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